ACORAZADO CORAZÓN
Los carros de tu voz tiran de mis cabellos
Infantes meninges en cada uno de mis poros.
Me dueles
Casi entre las encías
Las playas de otros mares
Arrastran mis sueños
Y el mínimo espacio de mis manos se amolda al sexo arisco de tus miedos
Bajando hacia mis pies.
RESTO DE CAZA
Alguien llama al lugar donde antes hubo una puerta
Arregla tres o cuatro palabras en su bolsa
Mira el sol
No es la madre muerta ni la hija
En lo que cree es el corazón
Reza la oración de las aguas
Succiona la lengua de la tierra
Las canciones de las mujeres
En el fuego de las piras
En las cuentas a través de sus dedos, rememora
Ella está en el lugar.
Todo es oscuro, casi blanco.
DE AGUA
Vuelvo a los sonidos que traman las olas en la caleta
Descubro en los pliegues de este hacer inoficioso
La herida postergada
Estación de la lumbre
La casa que escriben las ondinas
En los orificios de la infancia
Soy la niña sumergida
Corriendo en campos abandonados
Empuñando el silencio de los estuarios
Entre los cabos de las nasas vacías
Apenas si alcanzo rozar uno de sus cabellos
Y mi mano semeja la quilla de un barco que se repite
En estos bajos alterados por la mareas
Miro desde la huella en la playa
Y con ojos de agua
Imploro al viento me traiga de vuelta
En la canción de las amantes.
CARTULINA
Esta no es mi nariz
No son mis ojos
No es más el olor de las tardes en mi cuerpo
La curva que hacía de mis palabras casa
No es más el nicho de mis oraciones
El ducto por el que atraviesa la voz humana
La caña de pescar
Y los días de infancia en las playas del río
El anís de los abuelos, los libros, el mar, las canciones y la ecuación simple de la guitarra mujer
No es esta la tarde de mis días
La memoria de la llama
Ni la mano que escribe
Tocando mis carnes que a nadie alimentan
Reconstruyo el engaño
Mi nariz, mis ojos, mi casa y mi cuerpo.
Nada encaja en las celosías del tiempo
En la húmeda aurora del brivido silencio que deja la noche amenazada.
OTRA VEZ DE TIERRA
De las palabras que recuerdo
Todas corroboran la trampa
La desprevenida voluntad
De una incandescencia amorosa
Que vuelve con el whisky
Agazapada en los días del corazón
El lazo que me nombra
Y el nudo que desmiente mi identidad
Es el huésped de las miradas que pertenecen al tiempo
Y sólo de él esta casa bifronte sin jardines
A tres metros del piso
La sombra de una mujer se levanta desnuda
Porque cree en el amor
Y el amor poco dice en el trazo del vestido que la viste o en el zapato que se le ha caído
Ella apenas presiente el sonido de la cópula de las ranas
Y aunque su huella es la calma del vosotros
Anterior a su voz
Entre las charcas secas busca la plegaria
Otra vez la tierra
El cuchillo que atraviesa
El tiempo que caduca
Como si estos espacios apaciguaran su garganta rota
Apostilla de la historia
La continuidad de un temblor que no cesa.
ABRIL EN CARACAS.
El Ávila es un sonido
Lejano, triste, combativo.
A veces un cerro o una maravilla según la ciudad y el modo de la gente
La carne de un animal resto de caza.
Una deconstrucción paralela
De las tres, cien o mil veces en mis miradas
Polisemia de maestros y borrachos
Reescritura del impulso abierto
La luz que te dibuja
En las manos de la bienvenida
Apenas la tierra que te recibe
En los días de abril
El espectro de un extraño verano
En el oleaje de mis memorias
Que se extiende
Traduciendo la fábula de Cabret
Como si tú volvieras por los caminos de los viajeros
Acompasando el sonido de los baúles
En las espaldas de los negros
Zigzagueando en el aire
Las hojas
Los frutos
Recuas cansadas de paso lento y largo, acostumbradas a las maravillas del color
Narcotizadas por el olor del fango
Y la terrible luz del falso otoño que termina pronunciado en mis labios
Inmensa luna
De un tiempo sin cuerpo ni intimidad
Que ahora te nombra abrazada en las serenatas del trópico
Quincy Jones y Aldemaro Romero
En exodus De repente.
DE TODAS LAS SALIDAS POSIBLES
Lo más terrible es pretender borrarlas
Que abandonen el espacio de la memoria
Y se diluyan como las cosas,
esas cosas que se nombran y les damos la vuelta
sin importar cuántos sean los grados
Sea la cama de la amante o del amor
Dejar a un lado la sábana poniendo un pie sobre el piso
Las manos sobre el cabello
Las lentes en los ojos
El amago simple, preciso, de un gesto que acaba siempre entre las rodillas
Son enjambres de abejas punzando la piel
Estancos abandonados que se precipitan con el deseo
Arremolinadas en el bochorno del tiempo invertido de las lluvias del verano
Apenas la duda que amarra los tres lados de mi existencia
Pausa de la que se nutren mis denegaciones y todos los atajos para no estar conmigo
El habla que implora el silencio
La terquedad del polen en los abismos de la vida
La sombra de la vida más Vida que insistimos en descodificar.
Lo más terrible es saber
En las maneras de las olas, el mar.
DÉJAME APENAS LA MAÑANA
Entre los que no pudimos rebasar los límites del árbol caído
El río será el sonido remoto de historias que terminar en el mar
Para nosotros -que mirábamos con recelo las bolsas donde nacen y crecen las castañas
El olor de la lluvia próxima a caer apura los cataclismos del deseo
Los dolores que el miedo hizo institución
Y hay algo en el aire que hemos respirado
Una extraña porosidad de carne humedecida
Rasgando la piel que no murió entonces
Como el raro amor de una mano sobre el rostro
Aquellas vidas pequeñas que solían esperar con ojos bien cerrados
Promueven el pie de las promesas en la desembocadura de las heridas
El quejido anterior depositado en los restos de la historia
La prolongación denegada en los trámites del encuentro.
FERMATA
De vez en cuando, no digo siempre; pero sí por una o mil veces,
Como si culebras en el desierto,
-por decir lo menos extraño.
Es preciso dejarse morir con el ojo abierto de la vida.
Pero, morir...
Definitivamente.
Abandonarme con esa última mortaja que me viste.
Y si volvemos...
Si regreso del límite cubierta de gracia
Entonces, no habrá pasado nada.
Canta al dios de tus padres
Únete a la celebración de las viejas alabanzas de los abuelos,
Rememora el signo de las ramas sobre el cuerpo
Porque el río te lleva nuevamente en la corriente.
BALADA DE LA ESTIRPE
Lo que discuto es lo que siempre aterró a mis padres.
La hibridación de la forma, el límite salvable por el que fui desterrada de los
mediodías en familia…
En la mesa tarde de los almuerzos diarios
Recuerdo que quería leer-me a papá, como si uno de los tantos libros
que me dejaba para contar-le
Pero me confinaron a esta habitación
Y en ella representé una y tantas veces la tragicomedia del espejo
Algo torcido en la espina de la lengua
Rimando con Alicia, los conejos y los restos de caza apresados en jaulas gigantes.
De los últimos precisamente hablo, porque era el objeto de mí hacer.
Pequeña demiurgo incapaz de vivir –que no apreciar- la belleza de lo motivado.
Era yo;
Sí, era yo, allí de monja, con los bigotes de mi padre, la pipa de mi abuelo,
de puta o de cualquier cosa in/animada que se ponga a hábito.
Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, diez:
Vestida de cristo, copiando los amores de George Sand.
Era yo; “la niña que no mide sus palabras”
Era yo, calzando los zapatos tejidos de la tía Trudy.
En las calles apretando la mano de mi madre.
Era yo;
Todavía recuerdo ciertas distancias, desvíos, confusiones, malentendidos…
Imposible reproducir esa última voz que cambiaría por perro y de allí mi temor a todo lo humano: “mejor amigo del hombre”.
Era yo, quien hablaba con el índice en la boca…
Pero no era yo; me negaba al tajo y al gajo del limón o la naranja.
Yo, no era yo, como era lo que eran mis amigas que eran niñas buenas.
Yo no era yo/parecida/semejante
Yo era otra cosa…
…y, mira tú que mi madre sabía antes, mucho antes, lo que era.
¿Asunto de forma, de elección y selección?
Galápagos y pajaritos extraordinarios pueblan las islas…
A TU VOZ
Digo tres, cuatro o cientos de adjetivos mudos
Minúsculos artefactos
Fracciones filosas del Texto-Mundi.
Nosotras
-y nuestro es un atrevimiento morboso-
Un tiempo en la falda dentro de tu piel
Cualquier cosa menos
En el trayecto de mi boca y el vaso que me sirve
La borrachera de la tarde.
TODAS LAS TARDES DEL DÍA
La sombra del lápiz sobre la hoja blanca
Busca una palabra.
Para volver al idioma que nos ha perdido
Recurro al dibujo fallido
Por el que atravesaron nuestras lenguas
A mano alzada
La frase de mis ojos
La fragilidad de un puente colgante
Persisto en antiguos milagros
Mis manos juntas sobre el fuego
Traducen la cábala de un tiempo sin nombre
La insensatez de nuestra raza
Y el espanto de este juego en ausencia de grises.
